From Self-Care To Collective Care

Collective Care

A group on people embracing each other.
Illustration by Vanessa Mundle on Fine Acts (Modification made: Added translucent background)

In recent years, we have heard a lot about self-care, and a lot has been developed through resources and even self-care manuals. However, to talk about the institutionalization of collective care in less formal spaces of feminist activism is still incipient. Faced with the pressures of existing under a series of oppressive systems, self-care seeks to preserve the person, their physical and mental health, and general well-being. The anti-capitalist struggle has a component of dispossession of the notion of personal value according to productivity. For a few years now, the idea that women human rights defenders receive double attacks has been deepened – first, because they are women, and second, because of the work they carry out (the defense of human rights). Not to mention those who defend human rights around reproductive justice of women and non-binary people.

Today, in 2021, after a pandemic, and several activists reporting burnout, we need to discuss the transition from self-care to collective care as a survival technique.

In Costa Rica, our experiences are not so different either. In 2019 the psychologist Daniela Flores deepened her research on the self-care of activists who defended the right of choice in the country. The results of this research and the interview process marked a turning point in the work related to the activists’ well-being. Until this point, the treatment of a person was focused on the individual’s techniques to cope with their stress, and the pressure associated with their activism. We were far from directing the conversation towards collective actions.

Today, in 2021, after a pandemic, and several activists reporting burnout, we need to discuss the transition from self-care to collective care as a survival technique. At this point, collective care seems to be a necessary condition to ensure the sustainability of movements and the people who make constitute them. We cannot avoid burnout if we continue to seek only individual well-being. To change the systems’ results that oppress us, we must annihilate the patterns and root out their usual practices. The implications of individual self-care without communication and empathy can overburden companions and undermine the same space intended to protect initially. Far from being simple, this requires hard work of introspection, healing, and improvement of the same dynamics within the spaces we forge and have sustained together.


De Autocuido* A Cuidado Colectiv

Mucho hemos escuchado en los años recientes sobre autocuido y mucho se ha desarrollado en conocimiento y hasta manuales de autocuido,sin embargo aún es incipiente en algunos espacios conversar sobre el equivalente de la institucionalización del cuidado colectivo en los espacios de activismo feminista menos formales. Ante las presiones de existir bajo una serie de sistemas de opresión, el autocuido busca la preservación de la persona, su salud física y mental y bienestar general. La lucha anticapitalista tiene un componente de despojo de la noción de valor personal según su productividad. Desde hace unos años ya se ha profundizado en la idea de que las mujeres defensoras de derechos humanos reciben doble ataques, primero por ser mujeres y luego por el trabajo que desarrollan (la defensa de los derechos humanos), ni hablar de aquellas que defienden la justicia reproductiva de las mujeres y personas no binarias.

Hoy en el 2021 después de una pandemia y de varias activistas reportando burn out, discutimos la transición del autocuido hacia el cuidado colectivo como técnica de supervivencia.

En Costa Rica nuestra experiencia es similar a las de otras latitudes. En el 2019 la psicóloga Daniela Flores profundizó en su investigación sobre el autocuido de las activistas que defendían el derecho a decidir en el país. A su vez los resultados de la investigación y el proceso de entrevistas marcaron un punto de inflexión en la labor relacionada al bienestar de las activistas. Hasta entonces el tratamiento de la temática se venía enfocando en las técnicas de cada una de las personas para sobrellevar su estrés y la presión asociadas a su activismo y estábamos lejos de dirigir hasta entonces la conversación hacia las acciones colectivas, cómo círculos de mujeres, reformas a las prácticas organizacionales, manejo de expectativas y comunicación asertiva.

Hoy en el 2021 después de una pandemia y de varias activistas reportando burn out, discutimos la transición del autocuido hacia el cuidado colectivo como técnica de supervivencia. Parece ser a estas alturas una condición necesaria para asegurar la sostenibilidad de los movimientos y de las personas que los integran. No podemos evitar el desgaste si seguimos procurando únicamente el bienestar individual. Para cambiar con los resultados de los sistemas que nos oprimen debemos dinamitar los patrones, arrancar sus prácticas habituales de raíz. Las implicaciones del autocuido individual sin comunicación y empatía pueden sobrecargar las compañeras y socavar el mismo espacio que se intentaba proteger al iniciar. Lejos de ser sencillo esto requiere de trabajo pesado de introspección, sanación y mejora de las mismas dinámicas dentro de los espacios que forjamos y hemos sostenido juntas.

BY LAURA VALENCIANO

* Self-care