Bolivia, COVID-19 and the right: Repression is our brand
Andrea Terceros Hans, Bolivia
Wed 04/01/2020, 12:00

Versión original en español más abajo.

Bolivia is no exception to other parts of the world, the COVID-19 pandemic came as it did in the rest of the countries that are currently facing one of the biggest health crises in recent times, if not the most serious.

The difference is that it is not reaching a country with the same conditions as those that have been facing the pandemic for more than 3 months now. It reaches a country with a large percentage of population living from informal work, the majority of whom are women, and the same number living on a day-to-day basis; with one of the most precarious health systems in the region; with one of the highest rates of sexual and feminicidal violence; and having recently suffered a civic-military coup, causing the fascist right to reinstate itself since November 2019 with Jeanine Añez as president of the Plurinational State of Bolivia. 

One of the measures enforced by the Bolivian government is the total quarantine, a measure that has been effective in preventing massive infections and the collapse of health systems in other countries. It has also shown that it is not as effective if it is not accompanied by comprehensive measures to protect the historically vulnerable populations. There are people for whom staying at home is synonymous with no income and therefore, hunger; or women for whom quarantine can mean staying locked up with their batterer, or rapist, because their family and their homes are not exactly the safest places. 

These have been some of the reasons why during these days in different cities, a significant number of people have deliberately decided not to follow the government’s quarantine order. . As a response to this, the government of Añez arrested almost 600 people who were taken to police cells without the adequate health security measures.

On several occasions, Minister Arturo Murillo has threatened that a state of siege is the best measure to guarantee compliance with the quarantine, which entails the full militarization of the national territory, a measure that is far too violent and contravenes the Bolivian Political Constitution.

Despite the fact that to this day, the ministerial authorities have stated that there will be no state of siege, terror has already been established. After having suffered militarization, the excessive use of force and the use of firearms against certain populations in Bolivia - which has left more than 30 people dead by the military under the Añez government in the towns of Sacaba and Senkata - it is inhumane to threaten populations with increased militarization and repression while communities are still mourning their dead. 

The threat of a state of siege has only intensified the feelings of fear amongst the bolivian people, who only five months ago were severely hit by the right-wing oligarchy in a country now deeply wounded, where women continue to bear the brunt, and where the only response facing the crisis is increased repression and no public health measures.

Andrea is a member of Warmis en Resistencia - Espacio de Mujeres,  Articulación de Mujeres y Feministas Pluridiversas de La Paz and El Alto and member of Vecinas Feministas por la Justicia Sexual y Reproductiva en América Latina.

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Bolivia, COVID-19 y la derecha: Nuestra marca es la represión

 Por: Andrea Terceros Hans

La Paz, 29 de marzo de 2020

Bolivia no es la excepción, la pandemia del COVID-19 llegó al igual que en el resto de los países que en estos momentos se encuentran enfrentando una de las mayores crisis sanitarias de los últimos tiempos, si no la mayor.

Pero no llega a un país con las mismas condiciones de aquellos que ya vienen enfrentando la pandemia hace más de 3 meses. Llega a un país con un gran porcentaje de población que vive del trabajo informal, de la cual la mayoría son mujeres y, otro tanto vive en condiciones de subsistencia; con uno de los sistemas de salud más precarios de la región; con uno de los índices más altos de violencia sexual y feminicida y que en los pasados meses sus pueblos han sufrido un golpe cívico militar, reinstaurando a la derecha fascista con Jeanine Añez como presidenta del Estado Plurinacional de Bolivia. 

Entre las medidas que dicho gobierno asumió está la cuarentena total, medida que por una parte, probó su efectividad en prevenir los contagios masivos y el colapso de los sistemas de salud en algunos países. Sin embargo, por otro lado evidenció que la cuarentena no es efectiva si no viene acompañada de medidas integrales que protejan a las poblaciones históricamente vulneradas pues, por poner algunos ejemplos, hay personas para quienes quedarse en casa es sinónimo de no generación de ingresos y por tanto, hambre; o mujeres para quienes la cuarentena puede significar quedarse encerradas con su golpeador, o violador, porque claro está que la familia y el hogar no son precisamente los lugares más seguros. 

Éstas han sido algunas de las razones por las que durante estos días en diferentes ciudades, importantes cantidades de personas deliberadamente decidieron no acatar la norma ante lo cual el gobierno de Añez en lugar de dar posibles soluciones, arrestó a casi 600 personas que fueron llevadas a celdas policiales sin las medidas de bioseguridad correspondientes.

También, en varias oportunidades el ministro de Gobierno, Arturo Murillo, amenaza con que el estado de sitio es la mejor medida para garantizar el cumplimiento de la cuarentena, lo que significa la militarización del territorio nacional, medida por demás violenta y que vulnera la Constitución Política boliviana.

Pese a que a la fecha, las autoridades ministeriales manifestaron que no habrá estado de sitio, el terror ya fue implantado. Después de haber sufrido la militarización, el uso excesivo de la fuerza y el uso de armas de fuego contra ciertas poblaciones en Bolivia -hecho que dejó más de 30 muertos por mano militar bajo el gobierno de Añez en las localidades de Sacaba y Senkata- es inhumano que se les amenace con más militarización y represión cuando aún se sigue llorando a los muertos. 

La amenaza de estado de sitio sólo hizo recrudecer el sentimiento de terror en un pueblo que hace cinco meses ha sido fuertemente golpeado por la derecha oligarca de un país ahora profundamente herido, en el que las mujeres siguen llevando la peor parte, y en donde la única respuesta que se obtiene frente a la crisis es mayor represión y ninguna medida sanitaria.

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